sábado, 2 de septiembre de 2017

Deseos.

A veces miro fijo mis fotos, las miro por mucho rato y empiezo a repasar todo lo que hay en ellas.

Lo que recuerdo que había antes y qué pasó con eso después.

Miro mi pelo, lo comparo con el de ahora, me imagino qué pensaría esa Majo de cómo me veo ahora.

Miro mi sonrisa, recuerdo si es genuina, si fue porque pintó.

Pienso en quien la sacó, en su voz ese día, en lo que sé de esa persona hoy.

De la ropa recuerdo todo, su origen, si la tengo, si me quedaría si la tuviera. Si la usaría si la tuviera.

Me ubico todo lo posible en ese momento y casi siempre lloro. Lloro porque quiero o porque no quiero volver ahí.

Porque claramente las fotos encierran todo tipo de momentos.

Igual reconozco el trasfondo de cada momento, a donde caía todo cuando había calma.

Tengo la teoría de que la gente da mucho por sentado eso, tener un hogar que te espera en las calmas después de las caídas en los momentos malos.

Todos los días quiero volver a esos días en los que en mi casa había vida.

Aún consciente de todo lo que no había y de lo negativo que ahí vivía, aún así lo quiero.

Quiero tener eso de nuevo y sé que no puedo, pero ¿y qué?

Cuando la gente te pregunta lo que querés, nunca quiere escuchar la respuesta real.

Lo que queremos casi siempre no se puede, para mí es sano decirlo, llorarlo, después hacer lo que puedo, yo qué sé.

Pero me permito decir que quiero volver, que quiero revivir gente.

También, entre ellos, quiero revivirme a mí.

La función está como mejor no vayas.
Y desea.

lunes, 21 de agosto de 2017

Coágulos.

Silencio
El espacio donde estamos vos y yo
Donde muero

Oscuro
No te veo pero sé que estás ahí
Donde muero

Intento
Estar de pie pero no puedo

Son los huesos desplomándose

Las heridas abriéndose

La sangre tapando todo aquello
que se niegue a morir

O a vivir

En este rincón tan nauseabundo como mi piel
Tan podrido como mi alma
Tan vivo como mi menstruación

Coagula
El espacio donde estamos vos y yo
Donde vivo

La función está como mejor no vayas.
Viscosa.

sábado, 29 de julio de 2017

Vómito de libertad.



La idea de libertad es una de las que más nos engaña. Tendemos a creer que alcanzarla es como atravesar la puerta de una jaula o como desprender un candado y que se caigan todas las cadenas. 

Sin embargo liberarse se parece más a estar enyesado de pies a cabeza hasta que en determinado momento se quiebre el yeso como la cáscara de un huevo cuando nace un pollito.

El cuerpo que vivía dentro no se ha movido jamás, los ojos no han visto la luz, la voz ya no se hace eco dentro sino que se pierde en el aire y es necesario subirla incluso para oírse a sí mismo.

La piel está repleta de costras, mugre, algodón, sudor, orina y todos los desechos que son restos del tiempo de encierro. 

Liberarse implica también darse cuenta de todo eso y emprender el camino de quitárselo de encima.

Pero mientras tanto hay que vivir.

Todos los días me planteo si no es mejor esforzarme por reconstruir ese yeso y quedarme ahí dentro hasta morir.

Por el dolor que me produce intentar moverme forzadamente y la frustración de no saber mover muchas partes de mi cuerpo. 

Por el miedo de que hablar más fuerte atraiga más depredadores, aquellos que se conforman con un corte superficial que haga caer alguna gota de mi sangre para alimentarse.

Por la incomodidad de sentir la brisa tocarme la piel, esa que no sabía que existía, de la que apenas conocía el sonido que se oía desde adentro  ni tampoco sabía de su naturaleza.

Porque a esto que le llaman aire puro no lo sé respirar, conozco mucho mejor el hedor de la podredumbre que se hizo a mi alrededor en ese yeso que por muchos años fue mi casa.

Porque tengo que volver a aprender a hablar y no logro hacerme entender usando nada de lo que ya sé.

El tiempo no alcanza, todo se mueve muchísimo más rápido que yo y no puedo alcanzarlos.

Me siento ridícula diciendo en voz alta la cantidad de cosas que me maravillan de este mundo que apenas voy conociendo, que es de otros y nunca estuvo hecho para mí.

Me siento ridícula porque parece que soy la única y que no voy a estar en mi lugar jamás, mi lugar estaba en el encierro.

Siento que me quieren robar todo, desde la voz hasta la identidad, porque nada es mío, todo es de ellos, no tengo la oportunidad ni de tenerme a mí.

Ni lo que diga de mí tendrá validez si no lo dicen ellos, estaré viva mientras lo digan ellos, no podré terminar de morir hasta que lo decidan ellos.

Siento que tengo que irme todo el tiempo, de todos los lugares en los que estoy, porque nada de todo esto me corresponde, el único que me pertenecía era dentro de aquel cascarón aunque de alguna manera desde fuera les pertenecía igual a ellos.

Construyo y desconstruyo todo lo que recuerdo, lo desmenuzo hasta el último nivel y aún más allá. Busco construirme a mí misma mientras aprendo sobre este cuerpo, esta voz y esta podredumbre que es mía. 

Porque no estaré dispuesta ni a ocultarla ni a limpiarla ni a olvidarla, la guardo para tirársela en la cara a aquellos a los que en lugar de yeso les dieron caminos para caminar.

Sin embargo, todos los días me levanto, trato de hacer cosas, de avanzar, de hablar con la gente, trato de vivir, con todos esos miedos, enfrentándolos a cada segundo, me muevo con todo eso conmigo.

Desconfío de aquellos que hablan de esa libertad que es como un poder en un juego, porque tengo miedo de que la hayan basado en todos los demás.

La función está como mejor no vayas.
Vomita.

lunes, 26 de junio de 2017

A uno de mis peores miedos.

No es necesario decirte hola,
convivimos hace mucho tiempo
sin separarnos ni un momento.

No quiero preguntarte nada
porque sé absolutamente todo,
te conozco mejor que a mí.

Me desafiás
¿Por qué te escribo entonces?

Algo quiero confesarte
no sé si a vos o a mí.

No pretendo eliminarte
y sé que no te irás.

Incluso si pudiera echarte
sé que regresarás.

Quiero decirte gracias
porque en todo este tiempo
me he refugiado tras tu negro
tras tu oscuro caparazón.

Pero ya no lo necesito
no decidirás por mí

Como sé que te quedás
te apronté un lugar aquí

Podrás convivir con mi miedo a salir a la calle
También con el de quedarme sola
Convivirás además con mi temor a morir.

A todos aquellos a quienes ya les escribí
que tras su dura coraza
he dejado de vivir.

La función está como mejor no vayas.
Caminando.

lunes, 5 de junio de 2017

Andá que yo te miro.

En Mercedes me siento muy segura caminando sola a cualquier hora.

A cualquier hora, igual a las 3 de la mañana. 

Salvo que vaya detrás de mí un hombre, hago maniobras rarísimas para perderlo y para comprobar que no me sigue.
Si lo compruebo, como ha pasado, entro en pánico y me apuro si estoy cerca de mi destino o me termino metiendo en cualquier lado.

En ciudades que no son la mía, si es de día me abstraigo pila con los auriculares, pero mismo principio, si somos solamente dos en la calle tengo que esquivarlo.

De noche en otras ciudades trato de distraerme con la música pero estoy bien alerta y sí, otra vez más, igual que antes hago maniobras y cosas para fijarme.

Independientemente de eso, en todos los lugares en los que estoy tengo estudiado por donde me puedo ir si alguien se me acerca demasiado insistente, en qué lugares me podrían acorralar y quedaría en un punto ciego para los demás, en qué partes me podría quedar encerrada y que no me oyeran.

Y esquivo, todo el tiempo esquivo.

No es que nací perseguida, es que después de muchas experiencias horrendas mi mente hace cálculos permanentes, porque cuando ya estoy en el horno me paralizo y ahí ya nada depende de mí.

Hace poco, escuchando una canción muy random una frase me sonó a algo que me pasaba cuando era chica, cuando mi madre, mi abuela o algún adulto de cuya casa me estaba yendo de noche me decía que me fuera tranquila porque se quedaba en la puerta y me iba mirando.

Andá que yo te miro.

Alguna que otra vez me daba vuelta cuando era mamá o mi abuela, como para saludar o decir algún chiste, pero la mayoría de las veces no, me largaba sin mirar atrás.

Y me iba tranquila mientras sabía que iba en su ángulo de visión, a veces lo iba llevando consciente pero las más de las veces arrastraba esa seguridad hasta donde llegaba.

Me estaban cuidando con la mirada.

Y yo que soy de analizar absolutamente todo, sé que en verdad no tiene mucho sentido práctico, ¿qué cosa concreta que me fuera a pasar podría evitarme que me miraran de lejos?

Y yo que soy de reanalizar absolutamente todo, me he dado cuenta con el tiempo de que sí, de que se evitaron muchas cosas, porque muchos tipos siempre aprovecharon cuando nadie estaba mirando.

Así que a veces, ahora, muy lejos de mamá y mucho más lejos de mi abuela que ya no está, me concentro cuando estoy nerviosa y pienso que me miran y que estoy segura.

También ahora, pensando me doy cuenta de lo importante que es que estemos mirando, todos a todos lados porque muchas cosas no podremos evitar mirando desde lejos, pero podemos amedrentar a varios oportunistas solo con mirar con atención.

La función está como mejor no vayas.
Atenta.

lunes, 29 de mayo de 2017

Hasta el último atardecer

Allá donde nunca estuve
donde jamás respiré
donde solo algún viento pasó.

Allá iré a buscarme.

Buscaré un poco de agua
para saciar mi sed
y para reflejarme.

Haré un refugio,
haré un hogar.

Y todo esto repetiré,
hasta el último atardecer.

domingo, 28 de mayo de 2017

Miedo.

Miedo
Tengo miedo
Y parece ser mi culpa

Culpa.
Ser víctima
y tener miedo de volver a serlo

Ser una víctima eterna
atada por el miedo

Encadenada
y no en cualquier lado

Encadenada
directamente en las heridas

Para que cada intento de salida
Duela y sangre
Sangre y duela

Encadenada y anudada
por cada comentario que escucho al pasar
por los chistes de abuso que escucho decir
por cada noticia que leo decretar
que ella se lo buscó

Y parece ser gracioso
de alguna manera
parece ser grosero
de alguna otra

Pero de ninguna manera parece
que se entienda todo este miedo.

La función está como mejor no vayas.
Porque tiene miedo.
Pero respira profundo y va.